El camino de entrada lo anticipa: un túnel de árboles que te aleja del mundo antes de llegar. Cuando termina, el ripio se abre a una pradera plana y el río aparece entero, ancho y quieto.
Aquí el Rahue se encuentra con el Bueno. Es la junta que da nombre al lugar: dos ríos que se vuelven uno frente a la propiedad. Desde la pradera se ven los cerros. Desde la orilla, el agua refleja los árboles como un espejo, y al atardecer todo se vuelve cobre.
Son dos parcelas de media hectárea, cada una con orilla de río y acceso directo al agua. Terreno plano, abierto, listo para pensar dónde irá la casa, dónde el huerto, dónde el embarcadero. La tierra es fértil de verdad: los vecinos tienen invernaderos, manzanos, castaños. Lo que se siembra, crece.
El camino de ripio termina en el loteo, sin tráfico de paso. Máxima privacidad. Hay factibilidad de luz y agua, y la documentación está al día, con certificados del SII y del SAG.
Quilacahuín es campo de verdad. Sin ruido, sin apuro. A minutos de San Pablo y a cuarenta minutos de Osorno, pero con la sensación de estar mucho más lejos de todo.
Hay terrenos que se compran por metros cuadrados. Este se elige por lo que se siente al llegar.
Dos parcelas disponibles a 907 UF cada una. Precio especial al adquirir ambas.




